En 1934 el fuerte San Cristóbal situado en la cima del monte Ezkaba comenzó a usarse como penal, pero fue a partir del golpe militar de 1936 cuando se abrió la página más negra de su historia. Miles de personas, en su mayoría presos políticos, sufrieron en él hacinamiento, miseria y condiciones infrahumanas.

El 22 de mayo de 1938, 795 presos lograron fugarse. Sólo 3 lograron el objetivo. Del resto, 206 fueron asesinados en la persecución y los demás fueron capturados. Posteriormente, 14 de ellos fueron fusilados públicamente en la vuelta del Castillo de Pamplona el 8 de agosto de 1938 como organizadores de la fuga.

Gracias al trabajo y a la constancia de los familiares, las asociaciones memorialistas y desde el año 2016 al Plan de Exhumaciones que está desarrollando el Gobierno de Navarra, se han podido exhumar hasta la fecha (marzo de 2019), los restos de 52 fugados asesinados, interviniendo en fosas y cementerios diseminados por la ruta que siguieron en su huida camino a la frontera.

En 2015 en Berriozar, en el término de “La Esparzeta”, fueron exhumados los cuerpos de cuatro de los asesinados. Todavía quedan muchos restos por recuperar y probablemente algunos de ellos se encuentren en Berriozar.

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